{"id":53,"date":"2021-07-03T19:57:21","date_gmt":"2021-07-03T17:57:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.oscargarcia.es\/?p=53"},"modified":"2026-01-11T14:32:50","modified_gmt":"2026-01-11T13:32:50","slug":"extracto-de-la-biografia-de-ann-holiday","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.oscargarcia.es\/index.php\/2021\/07\/03\/extracto-de-la-biografia-de-ann-holiday\/","title":{"rendered":"Extracto de la biograf\u00eda de Ann Holiday"},"content":{"rendered":"\n<p>Durante muchos a\u00f1os, el multimillonario estadounidense Alan Durik fue muy conocido por su colecci\u00f3n de cuadros. Las pinturas que adornaban las paredes de sus mansiones eran admiradas por sus invitados, y a menudo por un buen n\u00famero de aficionados que, con no demasiada dificultad pod\u00edan obtener pases para visitar las distintas viviendas en las que se custodiaban, con gran cuidado, todas las obras que \u00e9l se segu\u00eda afanando en acaparar.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, a diferencia de otros adinerados coleccionistas, Durik contaba con una gran reputaci\u00f3n ya que eleg\u00eda personalmente todos los lienzos que adquir\u00eda, y su conocimiento de los distintos maestros, as\u00ed como el gusto de cada una de las obras, gozaba de la admiraci\u00f3n de un gran n\u00famero de amantes de la pintura.<\/p>\n\n\n\n<p>Realmente el tiempo, esfuerzo y recursos que le dedicaba, hac\u00eda ver claramente que no era el t\u00edpico inversor en arte, m\u00e1s preocupado por la revalorizaci\u00f3n de sus obras que en cualquier otra consideraci\u00f3n art\u00edstica, lo cual no evitaba que la cotizaci\u00f3n de su colecci\u00f3n personal creciera de a\u00f1o en a\u00f1o de forma considerable.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue su m\u00e9dico y amigo personal Donald W. Harrington quien, tras visitarle en sus aposentos en su vivienda de Bridgehampton, se qued\u00f3 observando el \u00fanico cuadro que decoraba la habitaci\u00f3n. Aunque su autor\u00eda aparentaba ser de Domenico Ghirlandaio, el m\u00e9dico con gesto de extra\u00f1eza le pregunt\u00f3 porqu\u00e9 pudi\u00e9ndose permitir todo tipo de obras, hab\u00eda elegido una vulgar falsificaci\u00f3n para su estancia favorita. Durik se irrit\u00f3 con el comentario de su amigo, y durante horas discutieron apasionadamente sobre la autenticidad del cuadro, m\u00e1s ninguno de los dos cedi\u00f3 en su convicci\u00f3n. Tanto es as\u00ed, que Harrington se empe\u00f1o en llamar a expertos que pudieran corroborar su postura, e incluso se ofreci\u00f3 a pagar \u00e9l mismo dichas pruebas, a lo que Durik accedi\u00f3 con gesto confiado, exigiendo \u00fanicamente como condici\u00f3n que las pruebas se realizaran all\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Alan Durik no sab\u00eda entonces que la enfermedad que hab\u00eda llevado al Dr. Harrington a su casa, acabar\u00eda con la poca salud que aun le restaba y que ya nunca se volver\u00eda a levantar de aquella cama, y por ello asisti\u00f3 paso a paso desde su lecho a todo el proceso de verificaci\u00f3n mientras los t\u00e9cnicos aplicaban sus conocimientos de forma concienzuda y extremadamente cuidadosa al verse observados permanentemente por el convaleciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, emitieron el informe final en el laboratorio a partir de las muestras obtenidas, y el responsable acudi\u00f3 diligentemente el d\u00eda y hora acordados de nuevo a la estancia donde Cuadro, Durik y Harrington se hallaban reunidos. Con voz seria y mon\u00f3tona anunci\u00f3 que el doctor ten\u00eda raz\u00f3n en sus afirmaciones, y sin cambiar de tono fue enumerando las abrumadoras pruebas que exist\u00edan a favor de dicho juicio, lo que demostraba lo meticuloso del estudio, y de paso justificaban el importe de la abultada factura.<\/p>\n\n\n\n<p>El enfermo se qued\u00f3 con gesto petrificado durante varios minutos que se extendieron incluso m\u00e1s all\u00e1 de la lectura del informe, ante la mirada atenta y un poco preocupada de su amigo, pero finalmente emiti\u00f3 una amplia sonrisa que hizo pensar sinceramente a todos los que le observaban que, por alg\u00fan extra\u00f1o motivo, Alan Durik era m\u00e1s feliz en ese instante de lo que lo hab\u00eda sido nunca. Algo despu\u00e9s, con voz pausada hizo llamar a su abogado para redactar un nuevo testamento.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue hasta su muerte, apenas un mes despu\u00e9s, cuando se supo que los cambios introducidos en el testamento afectaban espec\u00edficamente a esa obra, que lejos de haber sido desechada, le acompa\u00f1\u00f3 hasta el \u00faltimo de sus d\u00edas. Si bien toda la colecci\u00f3n acumulada a lo largo de los a\u00f1os hab\u00eda sido legada a la fundaci\u00f3n que llevaba su nombre, el cuadro en cuesti\u00f3n quedar\u00eda en manos de su hija Alba.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia del enga\u00f1o al que se hab\u00eda visto sometido el afamado y experto coleccionista fue objeto de muchas conversaciones. A menudo se o\u00edan expresiones de pena al finalizar la historia, y en otros casos crec\u00eda de la mano de charlatanes que pretend\u00edan dar explicaci\u00f3n de todos los detalles del fraude sufrido, aun sin tener tan siquiera un solo dato real sobre el que verificar dichas f\u00e1bulas, pero que aun as\u00ed argumentaban de forma experta.<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, solo fue a\u00f1os despu\u00e9s cuando, una entonces joven y desconocida reportera, desvel\u00f3 la realidad de lo que en verdad ocurri\u00f3. Se encontr\u00f3 con la historia por casualidad, en una nueva y aderezada versi\u00f3n que le cont\u00f3 una de las gu\u00edas del Museo que expon\u00eda gran parte de la colecci\u00f3n. Siguiendo el instinto de reportera que luego le llevar\u00eda al \u00e9xito y que har\u00eda de Ann Holiday un nombre que hoy ya pocos desconocen en la profesi\u00f3n, quiso ir a la fuente de la historia, y consigui\u00f3 entrevistarse con Alba Durik.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta esa fecha, igual que durante toda su vida, Alba Durik se hab\u00eda mantenido lejos de los medios de comunicaci\u00f3n que tan atra\u00eddos se ve\u00edan por su nombre y familia, pero fu\u00e9 la inocencia y frescura de Ann la que le convenci\u00f3 para recibirla e invitarla a un t\u00e9 en un sal\u00f3n decorado de forma simple y en el que el \u00fanico cuadro que colgaba era precisamente el que su padre hab\u00eda atribuido a Ghirlandaio.<\/p>\n\n\n\n<p>Alba habl\u00f3 con sencillez e inocencia, y las l\u00e1grimas aun se le escapaban al hablar de su padre. En algunos momentos le brot\u00f3 una risa que sonaba infantil por lo genuina y pura, cuando Ann le mencion\u00f3 algunas de las historias que se contaban sobre el cuadro.<br>Finalmente explic\u00f3:<br>Durante a\u00f1os, mi padre tuvo un sentimiento de culpa. Amaba el arte, y sent\u00eda la necesidad de compartirlo con todos aquellos que lo amaban como \u00e9l, pero ese cuadro le inspiraba sentimientos m\u00e1s grandes que cualquier otro y se sent\u00eda vinculado a \u00e9l de una forma m\u00e1s estrecha. Una vez incluso lleg\u00f3 a confesarme que su inspiraci\u00f3n y af\u00e1n por el coleccionismo proven\u00edan de \u00e9ste cuadro, y que el resto de su recopilaci\u00f3n solo lograba imitar en \u00e9l de forma pobre las sensaciones que \u00e9ste le produc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Su culpa nac\u00eda de no desear que nadie fuera de su familia compartiera con \u00e9l ese<br>sentimiento por el cuadro, y por eso nunca fue expuesto al p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando los expertos negaron la autenticidad al cuadro, esto no rest\u00f3 ni un \u00e1pice al valor que mi padre le atribu\u00eda, pues sus sentimientos hab\u00edan sido reales, y esa evaluaci\u00f3n \u00edntima y personal era la que realmente era importante para \u00e9l, pero hizo desaparecer ese sentimiento de culpa.<\/p>\n\n\n\n<p>El testamento y lo dem\u00e1s fue solo la forma de hacerme feliz, sin que ello supusiera ning\u00fan perjuicio para otros amantes de la pintura, pues nunca se habr\u00eda atrevido a regalarme el cuadro sabiendo como sab\u00eda, que yo tampoco ser\u00eda capaz de compartirlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante muchos a\u00f1os, el multimillonario estadounidense Alan Durik fue muy conocido por su colecci\u00f3n de cuadros. 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